¡Las palabras tienen poder! Las palabras pueden desempeñar un papel importante en nuestra vida diaria. Elegir hablar de los aspectos positivos y vivificantes de la Palabra de Dios en vez de los aspectos negativos del mundo nos puede ayudar a andar con más poder en la vida.
En la Palabra de Dios vemos el poder que tienen las palabras habladas: pueden producir vida o muerte. La Palabra de Dios es viva y eficaz. Por eso, es fácil comprender que queramos hablar la Palabra de Dios de liberación en las situaciones de la vida.
Proverbios 18:21:
La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.
Hebreos 4:12:
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
La Palabra viva y energética, hablada con denuedo y amor, es la que puede llegar al meollo de una situación y tener un impacto positivo. Esto se ilustra de manera muy poderosa en el Libro de Hechos. Hoy en día tenemos el mismo poder y las mismas promesas para reclamar en nuestras vidas que tenían los creyentes de la Iglesia del primer siglo. Ellos sabían quiénes eran en Cristo, y hablaban y andaban con gran creencia. El Libro de Hechos nos proporciona un modelo para vivir la Palabra hoy en día.
En Hechos 2 nos enteramos de que Pedro y los demás apóstoles recibieron el don de espíritu santo, el poder desde lo alto. Prestemos atención a algunas de las palabras que Pedro y Juan hablaron en días posteriores, haciendo que el poder de Dios se convirtiera en realidad.
Cuando Pedro y Juan iban entrando al templo en Hechos 3, se encontraron con un hombre cojo de nacimiento. Ellos vieron que el hombre quería recibir liberación, y Pedro le dijo: «Míranos. No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» (Hechos 3:4,6). Entonces Pedro «tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos. Y él saltando [el hombre cojo que fue sanado], se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando y saltando y alabando a Dios». (versículos 7 y 8). ¿Se pueden ustedes imaginar qué habría sucedido si Pedro y Juan hubieran pasado de largo sin decir nada? ¡La Palabra de Dios, hablada y creída, le dio vida a los pies y tobillos de este hombre sanándolo!
Pasando a Hechos 4, vemos cómo el adversario, el Diablo, quería frustrar los propósitos de Dios, lo cual sigue siendo un desafío en la actualidad. Los líderes religiosos de Judea estaban muy molestos por la atención prestada a este milagro de sanidad. Ellos amenazaron a Pedro y a Juan y les ordenaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús (Hechos 4:15-18). En los versículos 19 y 20, Pedro y Juan respondieron diciéndoles: «Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído». Los líderes religiosos no pudieron resistir la verdad hablada con denuedo. Ellos no hallaron modo de castigarles, así que Pedro y Juan fueron puestos en libertad (Hechos 4:21).
En la vida podemos encontrarnos en situaciones que son desafiantes para nosotros. Si edificamos la Palabra en nuestros corazones estaremos en una posición de fortaleza, de manera que también podamos ver el poder de la Palabra hablada manifestarse en nuestras vidas, trayendo liberación y guía.
Podemos hacer las siguientes tres cosas sencillas para ayudarnos a nosotros mismos y a otros a andar con poder en la vida:
- Guardamos nuestro corazón con toda diligencia, nos aferramos a la Palabra de Dios para ser capaces de controlar nuestros pensamientos y no ser sacudidos de nuestro modo de pensar por las circunstancias.
- Hablamos los positivos y el poder de la Palabra, a fin de dar gracia a los oyentes.
- Alineamos nuestras acciones con la Palabra; siendo hacedores de la Palabra. Dios puede moverse y abrirnos las puertas a medida que tomamos acción para que tengamos un impacto conforme a Dios, como el que vimos en el Libro de Hechos.
Proverbios 4:20-23:
Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones.
No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón;
Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
Efesios 4:29:
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
Santiago 1:22,25:
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
De la misma manera que los creyentes de la Iglesia del primer siglo tuvieron un gran impacto por medio de pensar, hablar y obrar según la Palabra de Dios, nosotros también podemos traer liberación y soluciones a nuestras vidas y a las vidas de otros. ¡La Palabra de Dios hablada es muy poderosa! ¡Ahora es nuestro día y nuestro momento para ver el poder de la Palabra hablada viviendo y siendo real en nuestras vidas mientras andamos con poder!