En el folleto Christian Etiquette [Etiqueta Cristiana], Dorothy Owens, dice: «La esencia de los buenos modales es la consideración […] Cuando se tienen en cuenta los sentimientos de los demás, su sensibilidad, sus opiniones y su bienestar, se está manifestando la cortesía innata en la que se basan todos los buenos modales». Una forma de ser considerados con los sentimientos, la sensibilidad, las opiniones y el bienestar de los demás es guardando confidencias. Es importante que, como creyentes cristianos, seamos discretos con la información privada de los demás, y podemos ser excelentes guardianes de las confidencias aplicando algunos principios Bíblicos sencillos.
Guardar confidencias es una disciplina esencial que debemos incorporar en nuestra comunicación con los demás. Cuando alguien decide compartir un asunto privado de su corazón, podemos responder con el máximo respeto y amor, guardándolo en secreto, en lugar de compartirlo con otros. Cuando alguien nos confía información confidencial, tenemos la oportunidad de imitar a Dios, que es infinitamente digno de confianza. Queremos ser fieles como lo es nuestro Padre celestial.
Proverbios 11:13:
El que anda en chismes descubre el secreto; Mas el de espíritu fiel lo guarda todo.
Como gente de Dios, no somos chismosos ni difamadores —es decir, alguien que va difundiendo escándalos. Somos fieles para guardar en secreto los asuntos que otros confían que guardemos. El ser cuidadosos con nuestras palabras tiene beneficios que van más allá de la protección de los intereses de otros. Proverbios dice que guardar nuestra boca es la diferencia entre preservar nuestra vida o acabar en la ruina.
Proverbios 13:3 [La Biblia Ampliada (1987)]:
El que guarda su boca guarda su vida, pero el que abre bien sus labios se arruina.
Hay tantas cosas maravillosas que podemos conversar abiertamente con cualquiera —siendo la Palabra de Dios la primera de ellas. Pero cuando se trata de los asuntos privados de la vida de otra persona, somos sabios al guardar lo que decimos y a quién se lo decimos. Como embajadores en nombre de Cristo, queremos que los demás se sientan seguros con nosotros, sabiendo que incluso los secretos de su corazones están seguros con nosotros.
La Palabra de Dios contiene algunas claves prácticas que pueden ayudarnos a evitar revelar un secreto, ya sea de forma intencional o no. Antes de hablar sobre cualquier tipo de información privada, podemos recordar y aplicar estas claves de la Palabra de Dios:
- Ser tardo para hablar.
Santiago 1:19 nos dice que todo hombre debe ser pronto para oír y tardo para hablar. Pensamos antes de hablar y tenemos cuidado de no dejar que las emociones nos impulsen a compartir información que debería permanecer privada. Medimos cuidadosamente nuestras palabras por consideración hacia los demás. - Tenga en cuenta si hay otras personas presentes cuando tenga una conversación privada.
Es importante estar atentos a nuestro entorno cuando hablamos de asuntos privados. Si no prestamos atención y no nos damos cuenta de si hay alguien cerca cuando hablamos, podría ser fácil que alguien escuche información privada que no está destinada para sus oídos. - Ande en amor.
Si sentimos la tentación de revelar información para sentirnos importantes, podemos recordar que debemos servirnos por amor los unos a otros (Gálatas 5:13). El amor no es egocéntrico. En 1 Corintios 13, vemos que el amor «no tiene envidia», «no es jactancioso», «no se envanece» y «no busca lo suyo». Cuando andamos en amor, nos enfocaremos en los demás y no tendremos necesidad de demostrar nuestra propia importancia.
Eclesiastés 10:20:
Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.
No siempre sabemos cómo puede divulgarse algo que se ha dicho, pero pareciera que las paredes tienen oídos. Nuestra mejor garantía de que la información no caiga en manos equivocadas es evitar mencionarla.
Es importante señalar que, en determinadas circunstancias, es ético y necesario revelar información privada. Por ejemplo, no debemos proteger información que oculte una actividad ilícita o información que deba revelarse para prevenir daños a otra persona. En otras ocasiones, podría ser necesario revelar información confidencial para obtener ayuda en una situación determinada. En este caso, sería prudente obtener el permiso de la persona antes de revelar su información a un tercero.
Guardar confidencias es una parte esencial de nuestra comunicación con los demás como cristianos y creyentes fieles. Para evitar revelar secretos, podemos practicar ser prontos para oír y tardos para hablar, siendo conscientes de nuestro entorno cuando hablamos de asuntos privados y andar en amor, anteponiendo las necesidades de los demás a las nuestras. Es un gozo y un privilegio compartir en la vida de otras personas y cuidar sus corazones guardando confidencias.