Manifestamos el poder del Espíritu Santo

¿Qué tienen en común estos acontecimientos en el Libro de Hechos?

  • Pedro, se puso de pie y habló en el día de Pentecostés (Hechos 2:14-40)
  • Pedro y Juan sanaron a un hombre cojo en la puerta del templo (Hechos 3:1-10)
  • Esteban hizo grandes prodigios y señales entre el pueblo (Hechos 6:8)
  • Felipe predicó a Cristo e hizo grandes prodigios [o milagros] y sanó a la gente en la ciudad de Samaria (Hechos 8:5-8)
  • Pablo anunció al único Dios verdadero en el Areópago de Atenas (Hechos 17:16-34)

Todos estos eventos fueron realizados por creyentes renacidos que manifestaron el poder de espíritu santo. ¿Sabía usted que este poder no se extinguió con los apóstoles? Hoy en día sigue estando disponible para todo aquel que es renacido del Espíritu de Dios. Esto significa que podemos andar hoy con el mismo poder con el que anduvieron los creyentes del primer siglo. Simplemente necesitamos conocer el poder que tenemos y creer para ponerlo en práctica.

La Biblia está llena de referencias al poder de espíritu santo, no solo en el Libro de Hechos, sino también en las Epístolas a la Iglesia. De hecho, con frecuencia, estos libros hacen referencia al poder de espíritu santo o bien demuestran el poder que los creyentes del primer siglo sabían que tenían. Tal como se relata en 1 Tesalonicenses, Pablo, Silas y Timoteo no solo les predicaron la Palabra a los creyentes de Tesalónica, sino que también demostraron el poder de espíritu santo.

1 Tesalonicenses 1:5 y 6:
Porque nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.
Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo.

El poder de Dios en operación tuvo como resultado el que los tesalonicenses vinieran a ser imitadores [o seguidores] de estos líderes llenos de espíritu santo y, por ende, del Señor Jesucristo. Lo mismo es cierto para nosotros hoy en día. Lo que atrae la atención de la gente no es solo la Palabra de Dios que conocemos y predicamos, sino también el poder de Dios que demostramos.

1 Corintios 2:4:
y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu [el don de espíritu santo en manifestación] y de poder.

1 Corintios 4:20:
Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.

A la Iglesia le fue dada una gran habilidad con la venida del poder inherente de espíritu santo. Pero este poder no se manifiesta automáticamente. Entonces, ¿cómo manifestamos el poder que nos ha sido dado? Creyendo lo que dice la Palabra de Dios dice y poniéndonos en una posición para actuar conforme a ella. Primeramente, recurrimos a la Palabra de Dios para fortalecer nuestra creencia. Aquí hay algunos versículos para comenzar:

Efesios 1:19:
y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.

Efesios 3:20:
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.

2 Timoteo 1:7:
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

A continuación, nos posicionamos para actuar de acuerdo con la Palabra, confiando en la grandeza del poder de Dios. Pedro se puso en posición de actuar al ponerse de pie y hablar el día de Pentecostés. Pedro y Juan se pusieron en posición de actuar al ir al Templo, donde encontrarían personas que necesitaban la Palabra de Dios. Esteban también se puso en posición de actuar cuando aceptó las responsabilidades de liderazgo en la Iglesia. Felipe se puso en posición de actuar cuando fue a Samaria a predicar la Palabra. Y Pablo se puso en posición de actuar cuando aceptó la oportunidad de dirigirse a una ciudad que estaba entregada completamente a la idolatría. Cuando cada uno de estos creyentes actuó, ellos pusieron en operación las manifestaciones de espíritu santo en el reino de los sentidos. Nosotros podemos hacer lo mismo.

Nosotros también podemos andar con poder hoy en día, tal como lo hicieron los creyentes del primer siglo. Cuando conocemos el poder que tenemos, podemos creer para operarlo. Podemos hacer lo mismo por medio de ponernos en posición de actuar. Como resultado del poder de Dios en operación, otros pueden llegar a ser imitadores [o seguidores] de nosotros y, por ende, del Señor Jesucristo. Lo que atraerá su atención no es solo la Palabra de Dios que conocemos y hablamos, sino también el poder de Dios que demostramos. ¡Qué gran privilegio tenemos de andar con poder en estos días y esta época!