Por qué importa su diálogo interno

¿Alguna vez ha tenido dificultades para alcanzar una meta o para creer completamente en una promesa de la Palabra de Dios? A muchos de nosotros nos ha pasado. La buena noticia es que tanto las Escrituras como la ciencia ofrecen perspectivas sobre cómo nuestros pensamientos y nuestro diálogo interno pueden moldear nuestras vidas.

Cada día, nuestro diálogo interno forma patrones en el cerebro que influyen en lo que creemos y cómo actuamos. Este concepto no se trata sólo de pensamiento positivo o lenguaje motivacional. Es una verdad entretejida a lo largo de la Palabra de Dios y que está respaldada por la neurociencia moderna.

Proverbios 23:7:
Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es el….

¿Qué dice o piensa usted regularmente acerca de sí mismo? Los pensamientos no carecen de efecto; influyen en la dirección de nuestras vidas. Algunos pensamientos comienzan con «yo soy» o «no puedo». Pueden ser pensamientos provechosos tales como «yo soy un hijo de Dios con poder»; o pueden ser improductivos, como «no puedo hacerlo». Los pensamientos negativos suelen aparecer, a veces sin que seamos conscientes de ello.

En el capítulo 5 del Evangelio de Marcos, la mujer que padecía de flujo de sangre nos muestra el poder del diálogo interno repetido. Después de doce años de sufrimiento, ella oyó hablar de Jesús y elaboró un plan sencillo: «… Si tocare tan solamente su manto, seré salva (sanada)».

Ella no lo dijo una sola vez. Se lo repitió a sí misma hasta que lo que decía moldeó lo que creía. Su confesión se alineó con sus acciones. Ella tocó el manto de Jesús y fue sanada. Este es un ejemplo vívido de cómo el diálogo interior basado en la Palabra de Dios puede cambiar tanto la creencia como el comportamiento.

Las Escrituras nos recuerdan constantemente el poder de nuestras palabras.

Proverbios 18:21:
La muerte y la vida están
en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.

Lo que hablamos refuerza los patrones por los que vivimos. Las palabras habladas con duda refuerzan la duda, mientras que las palabras habladas con creencia refuerzan la creencia.

Las Escrituras enseñan el poder de nuestros pensamientos y de nuestras palabras, y la ciencia ayuda a explicar cómo se desarrolla esto en nuestra mente. La neurociencia demuestra que la repetición de pensamientos y palabras fortalece vías neuronales específicas. Este es un proceso conocido como neuroplasticidad. El cerebro cambia literalmente según los patrones que repetimos.

Romanos 12:2:
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento
(mente)….

Para transformarnos por medio de la renovación de nuestra mente, no basta recitar las Escrituras una sola vez, sino que debemos repetirlas una y otra vez hasta creerlas. La transformación no es un concepto abstracto; se trata de un cambio físico en el cerebro para pensar de manera diferente, para pensar según la Palabra de Dios.

Dios nos proporcionó las herramientas para ayudarnos a creer. Aunque tenemos un adversario que busca «hurtar, matar y destruir» (Juan 10:10), Dios diseñó nuestras mentes para pensar y creer en Su Palabra. Él nos dio tanto la autoridad espiritual de Su Palabra como la capacidad biológica de retenerla, repetirla y creerla.

Cuando repetimos frases como «estoy sanado» o «soy fuerte en el Señor» o «Dios está supliendo mis necesidades», el cerebro responde como si esos cambios ya estuvieran en marcha. EL cerebro libera sustancias químicas como la dopamina y la serotonina que fomentan la confianza y el progreso. Con el tiempo, las declaraciones repetidas se convierten en creencias. La creencia se convierte en acción. La acción se convierte en logros. Nuestros cuerpos y mentes responden a lo que hablamos continuamente.

¿Cuáles son sus metas? ¿Qué le gustaría ver en su vida? Empiece donde lo hizo la mujer en Marcos 5:

  • Elabore un plan.
  • Busque una promesa (o promesas) en la Palabra de Dios.
  • Repítala(s) hasta que se convierta(n) en parte de su diálogo interno.

No hay un número fijo de repeticiones ni de días. Continúe hasta que reciba. Permita que las promesas de Dios se conviertan en su diálogo interno, su meditación y su expectativa.

A medida que habla la Palabra de Dios consistentemente, usted abre un espacio para que Su poder obre. A medida que renueva su mente y transforma su forma de pensar, hará que la vida más abundante que Dios desea para usted se convierta en realidad.