Una caja de herramientas para su cerebro

Después de haberme tomado una pastilla para la tos para aliviar mi garganta irritada, estaba a punto de tirar el envoltorio a la papelera. Fue entonces cuando me fijé en unas minúsculas letras impresas en él. No era una sola palabra —conté cinco frases cortas. Sentí curiosidad, me detuve y lo miré más de cerca.

La conocida marca de pastillas para la tos que yo estaba usando, promocionaba: «UNA PALABRA DE ÁNIMO EN CADA PASTILLA» justo en el envoltorio. Dos de las frases me llamaron especialmente la atención: Has superado cosas peores. No hay nada que no puedas afrontar.

De repente, me di cuenta de que tenía una sonrisa en la cara y, de hecho, me sentía mejor. ¿Cómo ocurrió eso? Mientras leía esas cinco breves frases, mi atención se había desviado. Dejé de concentrarme en la garganta irritada. En cambio, me enfoqué en palabras que me infundieron ánimos. Y eso me hizo preguntarme: si cinco pequeñas frases de ánimo pudieron ayudarme a enfocarme en algo distinto de lo mal que me sentía, ¿qué podrían hacer verdades mayores?

¿Y las verdades de la Palabra de Dios? ¿Pueden ayudarnos a salir de un estado de ánimo bajo o de la confusión, de la presión, la preocupación o de cualquier pensamiento divagante que llene nuestra mente en lugar de la paz? La respuesta es ¡sí!

Entonces, ¿por dónde empezamos? Comenzamos con algo parecido a ese envoltorio. Hacemos un intercambio. Con esto me refiero a que sustituimos deliberadamente los pensamientos inútiles o negativos por pensamientos positivos. Intercambiamos las mentiras por la verdad. Lo podemos hacer por medio de construir una caja de herramientas para nuestro cerebro. Se trata de una colección de verdades de la Palabra de Dios a las que podemos recurrir en cualquier momento que las necesitemos.

¿Qué queremos tener en nuestras mentes?

Cuando se trata de nuestros pensamientos, es útil ser intencional. Tómese un momento y pregúntese: ¿Con qué quiero llenar mi mente? ¿Paz? ¿Confianza? ¿Serenidad? ¿Tranquilidad? ¿Alivio? ¿Consuelo?

Procure expresarlo con palabras: Quiero que haya ________ en mi mente. Quiero que mi mente tenga _____________. La Palabra de Dios puede ayudarnos a comprender qué es lo que realmente debería ocupar nuestra mente.

Isaías 26:3:
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Filipenses 4:8:
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Efesios 6:10:
Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

Ahora que sabemos lo que queremos retener en nuestra mente, es hora de empezar a construir nuestra caja de herramientas. La Palabra de Dios es la que nos da verdades específicas de las que podemos vestirnos en nuestra mente. Esas verdades son las que nos ayudarán a intercambiar los pensamientos que no queremos, por aquellos que queremos.

Elimine el miedo

Cuando el miedo empieza a invadir nuestros pensamientos y a robarnos la paz, las siguientes verdades nos pueden ayudar a eliminarlo.

2 Timoteo 1:7:
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Isaías 41:10:
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Deshágase de la tristeza

Cuando la tristeza nos agobie o nuestros corazones estén quebrantados, la Palabra de Dios nos recuerda que no estamos solos y que Él nos oye.

Salmos 34:17 y 18:
Claman los justos, y Jehová oye,

Y los libra de todas sus angustias.
Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;
Y salva a los contritos de espíritu.

2 Corintios 1:3 y 4:
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,

el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

Apacigüe los nervios

Cuando la ansiedad y la preocupación hacen que sus pensamientos se aceleren, estos versículos brindan sosiego y tranquilidad.

Mateo 6:34:
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Filipenses 4:6 y 7:
Por nada estéis afanosos [ansiosos], sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Deje la ira

Cuando sentimos que estamos a punto de estallar de la ira, Dios nos una mejor manera de proceder.

Proverbios 16:32:
Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte;

Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.

Santiago 1:19 y 20:
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

¿Qué va a intercambiar?

Recordar la Palabra de Dios nos puede ayudar a intercambiar el miedo por la paz, la preocupación por la confianza y lo negativo por la verdad. Construya una caja de herramientas para su cerebro y dígales adiós a los pensamientos negativos, sustituyéndolos por positivos. Aférrese a las verdades de la Palabra de Dios y no las suelte.