Responder con el amor y la benignidad de Dios

Responder con el amor y la benignidad de Dios

A veces en la vida, a pesar de nuestros mejores esfuerzos por manifestar el amor de Dios en nuestros hogares, en nuestros sitios de trabajo y en nuestras comunidades, nos encontramos con personas que a cambio manifiestan una falta de amabilidad e incluso hostilidad. Puede ser una tentación para nosotros responderles por igual con palabras o un comportamiento poco amables. Pero ¿cómo quiere Dios que respondamos? Él quiere que seamos fuertes en Su Palabra por medio de amar a otros como Él ama.


I Pedro 3:8,9:
Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos
[compasivos, tiernos de corazón], amigables [de mentalidad amistosa];
no devolviendo mal por mal, ni maldición
[abuso] por maldición….


Romanos 12:21:
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Vencer significa «ser victorioso» o «conquistar». No trataríamos de conquistar la oscuridad en un cuarto introduciendo más oscuridad, porque sabemos que la oscuridad se disipa con la introducción de la luz. Así que, ¿por qué trataríamos de vencer o conquistar el mal—cualquier cosa contraria a la Palabra de Dios—con más mal? A cambio, necesitamos introducir el bien. Una manera de conquistar el mal es por medio de extender el amor y la benignidad de Dios a otros.

Romanos 2:4 nos muestra el efecto que la benignidad de Dios puede tener en la vida de alguien.


Romanos 2:4:
¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Benignidad significa «bondad» y «activamente beneficioso a pesar de la ingratitud». La benignidad de Dios guía a un hombre o a una mujer al arrepentimiento. «Arrepentirse» indica un cambio genuino de corazón y de vida, de peor a mejor. Dios, de las riquezas de Su benignidad y paciencia y longanimidad, extendió Su benignidad hacia nosotros—dándonos la oportunidad de cambiar. Él hizo esto, no porque lo mereceríamos, sino porque lo necesitábamos.

Cuando nos encontramos con personas cuyo comportamiento hacia nosotros es contrario a la Palabra de Dios, podemos reconocer que detrás de ese comportamiento usualmente hay una persona con necesidad. En vez de devolver mal por mal o maldición por maldición, podemos mostrarles la benignidad de Dios, dándoles una oportunidad de cambiar su vida de peor a mejor.

Jesucristo, quien siempre hizo la voluntad de Su Padre, provee un poderoso ejemplo para nosotros seguir.


I Pedro 2:21-23:
Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;
el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;
quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.

En momentos durante su ministerio público, Jesucristo fue cuestionado, acusado y personalmente insultado. Sin embargo, «no pecó». Todo el tiempo durante su arresto, «juicio» y crucifixión, en vez de devolver mal por mal, él persistió en extender el amor y la benignidad de Dios hacia otros. Como resultado, uno de los malhechores crucificados con él tuvo un cambio de corazón y creyó en Jesús, quien entonces le prometió un futuro paraíso—un definitivo cambio de peor a mejor (Véase Lucas 23:39-43). ¡Qué ejemplo tan excelente fue Jesús al vencer el mal con el bien!

Responder con el amor y la benignidad de Dios, siendo activamente beneficiosos a pesar de la ingratitud, trae muchos resultados positivos:


  • Le da a la persona que manifiesta una falta de amabilidad la oportunidad de cambiar su vida, si ellos así lo deciden.
  • Puede abrir la puerta para nosotros suplir necesidades con la Palabra de Dios.
  • Nos da una ocasión para recibir recompensas por hacer la Palabra.


I Tesalonicenses 5:15:
Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.

La voluntad de Dios es clara. En vez de pagar mal por mal, podemos esforzarnos por «seguir siempre lo bueno». Cuando nos encontramos con otros que manifiestan una falta de amabilidad o incluso hostilidad hacia nosotros, recordemos que detrás de esas acciones pudiera estar una persona con necesidad. Nuestra respuesta, emanada del manantial de amor y de benignidad de Dios en nuestros corazones, los puede guiar al arrepentimiento—a un cambio genuino de corazón y de vida. Verdaderamente, podemos ser victoriosos, venciendo el mal con el bien, a medida que respondemos con el amor y la benignidad de Dios.

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