El compañerismo en el matrimonio

El compañerismo en el matrimonio

En Génesis, Dios estableció el fundamento para la vida y para el matrimonio. A medida que estaba poniendo en orden los cielos y la tierra, Él vio una y otra vez que Su obra maestra era buena. Aun así, una cosa no era buena en los ojos de Dios—no era bueno que el hombre que Él había creado estuviese solo.

Génesis 2:18:
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea
[adecuada] para él.

La solución de Dios fue proveer una «ayuda idónea», una ayuda adecuada para Adán. Una «ayuda idónea» es una compañera y una ayudante, una que trabaja a su lado. El propósito primordial del matrimonio es el compañerismo. En ese compañerismo, el hombre y la mujer como esposo y esposa pueden encontrar la dulzura de la vida que Dios quiso que tuviera. ¡Dios diseñó el matrimonio—y Él quiso que fuera una bendición!

Eclesiastés 9:9:
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

El corazón de Dios para el esposo y su esposa es que ellos disfruten una relación de compartir pleno. Y en el matrimonio cristiano, Dios es primero tanto para el hombre como para la mujer.

Lucas 10:27:
…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

Su relación con Dios es la relación más importante para cada uno de ellos. Así que primero cada uno de ellos ama a Dios por medio de guardar o hacer Su Palabra (I Juan 5:2,3). Su segunda relación más importante es con su cónyuge. En Génesis, Dios estableció el estándar para la estrecha relación entre el esposo y la esposa.

Génesis 2:24:
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Dios señala cómo han de interactuar: «serán una sola carne». En el matrimonio, el hombre y la mujer aún son dos personas diferentes, pero han de moldear juntas sus vidas para que lleguen a ser como una, actuando al unísono o en un acuerdo armonioso. Eso es lo que significa «una sola carne». La relación entre ellos es abierta. No hay nada que esconder.

No ha cambiado el punto de vista de Dios en cuanto a la relación de una sola carne en el matrimonio entre hombre y mujer. Vemos esto en los Evangelios y en las Epístolas a la Iglesia, donde ambos dicen que el esposo y su esposa—masculino y femenino—han de ser una sola carne.

Mateo 19:4-6:
Él
[Jesús], respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,
y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?
Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

Efesios 5:31:
Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.

La relación de una sola carne no es automática. No simplemente sucede tan pronto termina la ceremonia de bodas. No; se requiere que el esposo y la esposa pongan todo su corazón y alma en hacer que su relación sea fuerte y dulce. Se requiere estar de un mismo sentir en la Palabra. Se requiere de tiempo y esfuerzo de cada uno de ellos para mantener el amor, el respeto, la devoción y el romance que un matrimonio necesita.

La comunicación es un ingrediente clave para edificar la relación de una sola carne. Tanto el hombre como la mujer en la relación matrimonial tienen que ser capaces de hablar las cosas abiertamente el uno con el otro—poder hablar y escuchar en el momento correcto. En estas conversaciones, ellos resuelven sus arreglos apropiados y aprenden cómo relacionarse el uno con el otro. Estando juntos sin otras distracciones—como los celulares, la televisión, sus trabajos o incluso los hijos—le da a la pareja tiempo de escuchar lo que tiene cada uno en su corazón y compartir sus metas y aspiraciones, tanto a corto como a largo plazo. Tienen la maravillosa oportunidad de compartir sus vidas adultas el uno con el otro, viviendo la Palabra de Dios juntos. Estar de un mismo sentir en la Palabra los ayuda a desarrollar una relación de una sola carne.

El diseño de Dios para el matrimonio es que un hombre y una mujer sean compañeros de por vida como esposo y esposa. Dios deseó que el matrimonio fuera una bendición para ellos. A medida que cada uno de ellos mantiene a Dios primero e invierte el esfuerzo requerido para edificar una relación de compartir pleno con su cónyuge—por medio de moldear sus vidas juntas en la Palabra de Dios y una comunicación abierta el uno con el otro—pueden disfrutar la vida que Dios deseó para ellos. ¡Esa es una vida dulce!

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