Lo genuino versus lo falso

Lo genuino versus lo falso

Una compradora pasea por los pasillos de un supermercado, recoge cada marca del mismo producto y lee los ingredientes en las etiquetas hasta que encuentra la que le parece ser la mejor. Pero, ¿por qué se molesta en tomar el tiempo para escudriñar cada producto? ¿No es una botella de aceite de oliva puro igual a la otra? Esta compradora ha aprendido que no es así. Por experiencia, se ha dado cuenta que usualmente los artículos que están etiquetados como «puros» incluyen una mezcla de ingredientes, o el que está etiquetado como «natural» incluye preservativos. Así que, ella chequea diligentemente las etiquetas, y esto le da paz y confianza que está haciendo lo mejor para ella y para su familia. ¿Y que hay de cómo saber escoger nuestro estándar para la doctrina y la práctica?


Colosenses 2:6-8:
Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.
Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

Esa misma diligencia es requerida para saber cuál es una doctrina o una práctica verdadera y cuál es una filosofía hueca y engañadora. El mundo está lleno de pasillos con etiquetas erróneas de «verdad». El archienemigo de Dios, el Diablo, toma la verdad, la ajusta un poco para que su parecido se acerque mucho a lo genuino y la etiqueta falsamente con la verdad. La palabra «engañe» en el versículo 8 de Colosenses 2 literalmente significa llevarse como saqueo o botín. Podemos ver que nuestro adversario quiere engañar a las personas y llevárselos, guiándolos lejos de la verdad genuina con filosofías mundanas que promueven su versión falsa de «verdad».

Así que, ¿cómo puede un creyente reconocer lo verdadero de lo falso? Queremos estar «arraigados y sobreedificados» en Cristo. Y hacemos esto por medio de aprender la Palabra de Dios concerniente a lo que Jesucristo logró para nosotros y por medio de andar en ello.

Podemos estar seguros que el Dios verdadero nunca coloca etiquetas equivocadas. Lo que Él llama puro es 100% puro. Su Palabra es verdad, y podemos confiar en ella todo el tiempo.


Salmos 12:6:
Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.


Proverbios 30:5:
Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en él esperan.

Jesucristo le enseñó a sus discípulos cómo conocer la verdad.


Juan 8:31,32:
Dijo entonces Jesús a los judíos
[judaítas] que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
y conoceréis
[por experiencia o esfuerzo] la verdad, y la verdad os hará libres.

Por medio de permanecer en la Palabra de Dios, por medio de vivirla, llegamos a estar familiarizados por experiencia con la verdad, y esto resulta en que somos hechos libres. Somos hechos libres de la esclavitud de cualquier prisión física, mental o espiritual del adversario cuando conocemos la verdad genuina y la vivimos. Conocer la verdad es cómo reconocemos una doctrina o una práctica falsa.

II Corintios 2:11 nos dice: «para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones». No seamos ignorantes de las maquinaciones del adversario. Aquí hay dos preguntas sencillas para hacernos cuando estamos tratando de determinar si una doctrina o una práctica es genuina o es falsa: ¿Quién se lleva «la gloria» o la atención? Y, ¿cuál es el provecho? Comparemos dos situaciones en la Palabra de Dios.


Hechos 8:9-11:
Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado
[confundido] a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.
A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.
Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado
[confundido] mucho tiempo.

Usando magia, Simón confundió a la gente de Samaria, afirmando que ÉL era una persona extraordinaria. ¿Puede ver cómo los estaba guiando lejos de la verdad? Entonces las personas le prestaron atención a ÉL, como a alguien provisto de un gran poder supernatural. ¿Quién se llevó la gloria? Simón. Y, ¿cuál fue el provecho para las personas? Estaban confundidos con su magia. Y podemos conocer leyendo Gálatas 5 que la hechicería, o la magia, es una obra de la carne. El provecho para las personas no fue la voluntad de Dios.

Ahora, veamos al ejemplo de Jesucristo.


Mateo 15:30,31:
Y se le acercó
[a Jesús] mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó;
de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.

Jesucristo sanó a muchas personas de diversas enfermedades, pero, ¿quién se llevo la gloria? ¿ A quién glorificaron las personas? Ellos glorificaron a Dios, su Padre. Y, ¿cuál fue el provecho para las personas? Fueron liberados de su prisión. Sabemos de Lucas 4:18 que esto era lo que Dios quería que Jesucristo hiciera por Su gente. Una vez que reconocemos quién se lleva la gloria y cuál es el provecho de una doctrina o una práctica, entonces podemos comparar eso con la Palabra para determinar qué es genuino y qué es falso.

En el ministerio de El Camino nuestro enfoque es dividir correctamente la Palabra de Verdad y enseñar la exactitud inherente de la Palabra de Dios. II Timoteo 2:15 nos exhorta a procurar «con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad». Enseñamos claves para entender la Biblia para que podamos absolutamente conocer la verdad, ponerla en práctica en nuestra vida y ser hechos libres. Esto nos da la paz y la confianza de saber que estamos haciendo lo mejor para nosotros, para nuestras familias y para nuestros amigos. A medida que nos mantenemos conocedores de la Palabra de Dios correctamente dividida, nosotros también podemos aprender a reconocer lo genuino de lo falso.

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