Poderosas palabras de edificación

Poderosas palabras de edificación

¿Alguna vez ha estado alrededor de alguien que siempre está hablando palabras positivas y amorosas? ¿Recuerda cuán edificado y alentado se sintió después de pasar tiempo con esa persona? ¿Sabe que puede hacer lo mismo por aquellos alrededor de usted?


Romanos 14:19:
Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

La Palabra de Dios nos alienta que sigamos, que busquemos con ahinco, aquello que contribuye a la paz y a la mutua edificación. En este versículo «edificación» significa alentar; incluye promover el crecimiento de otro en la sabiduría, la santidad y la alegría que son según Dios. Así que, ¿cómo podemos edificar y promover el crecimiento unos a otros? Una poderosa manera de hacerlo es con nuestras palabras. Podemos hablar palabras amorosas que edifican y ministran gracia unos a otros.


Efesios 4:15:
sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.


Efesios 4:29:
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Queremos hablar verdades amorosas y sanadoras que edifican creencia y disipan la duda, la preocupación y el temor. A medida que compartimos la Palabra de Dios con las personas, les estaremos dando palabras provechosas que los edificarán y los fortalecerán.

Efesios 4:29 también nos muestra que no hablaremos si estamos hablando palabras de edificación: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca….» No hemos de permitir que nada malo, podrido o corrompido salga de nuestra boca. Esas palabras no edifican ni alientan a nadie—solo hacen lo contrario. Lo opuesto a edificación es destrucción, lo cual es echar abajo o demoler (II Corintios 13:10). Esta podría ser cualquiera comunicación que es dura o de crítica o que desaliente y disuada a alguien de pensar la verdad de la Palabra de Dios.

Nuestras palabras son poderosas y tienen un efecto fuerte en las personas. Proverbios 18:21 dice que «La muerte y la vida están en poder de la lengua….». Un tipo de comunicación destructiva es el sarcasmo. Por definición, el sarcasmo «está diseñado para herir o causar dolor», y usualmente está dirigido en contra de alguien. Algunas veces podemos estar tentados de pensar que ser sarcástico es cómico, pero a menudo es en detrimento de otra persona. Esto puede ser muy desalentador y descorazonador no solo para la persona a la cual esta dirigido, sino también para aquellos que están alrededor escuchando.


Salmos 34:13,14:
Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela.

Como la gente de Dios, eso es lo que queremos—hacer el bien, buscar la paz, y dar edificación, no destrucción. Queremos desarrollar un hábito de hablar palabras de edificación en vez de palabras sarcásticas, duras o criticadoras. Pero hablar palabras amorosas y llenas de gracia no sale automáticamente. Cada uno de nosotros tiene que decidir hablarlas, y se requiere de pensamientos y acciones deliberadas. Aquí hay dos claves sencillas y prácticas para ayudarnos a hablar palabras de edificación.

  1. Llenemos nuestros corazones con la Palabra. Léala, estúdiela, escúchela, ámela. Permitamos que more en nosotros en abundancia: «…porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). Aquello que pasamos tiempo pensando es aquello que pasamos tiempo hablando. Así que, si queremos edificarnos y alentarnos unos a otros, tenemos que guardar una abundancia de la Palabra en nuestros corazones.
  2. Pensemos antes de hablar. Proverbios 13:3 dice: «El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad». Las palabras «guarda su boca» significan que él es cuidadoso con sus palabras, su habla y su conversación. Hemos de ser cuidadosos con lo que decimos. Podemos controlar lo que decimos por medio de pensar antes de abrir nuestra boca. Entonces guardaremos—protegeremos o cuidaremos—nuestra vida. Queremos pensar antes de hablar para que así edifiquemos y alentemos a aquellos alrededor de nosotros, porque lo que decimos tiene poder.

Cada día está lleno de oportunidades para alentar a aquellos alrededor de nosotros. Decidamos pensar primero y hablar palabras amorosas y llenas de gracia, provenientes de un corazón lleno de la Palabra de Dios. Nuestras palabras de edificación tienen el poder para ayudar a otros a llegar a un nivel mayor de pensamiento en su desarrollo espiritual. Podemos inspirarlos, edificarlos, amarlos y fortalecerlos con nuestras palabras. ¡Utilicemos poderosas palabras de edificación!

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